Despierta tú que duermes

Lunes, 27 de Abril 2020. 4:15am.

Hija mía levántate y escribe.

Así como en la mañana sale el sol para disipar las tinieblas de la obscuridad, así sale mi alma para disipar la noche del día.
Sí, la noche de vuestros corazones enceguecidos por el pecado, pecado, que os aleja cada día más de mi existencia.

Mi corazón se extiende hacia vosotros, como se extiende una caña para sacar a la creatura de la arena movediza donde se ha metido, donde el fango trata de sumergirla y absorberla, hasta quitarle la vida. Así mi corazón se extiende con rasgos de amor y misericordia, para borrar vuestros pecados y las obscuridades profundas de vuestras caídas, para traeros a la voluntad infinita del amor del Padre, que traspasa toda frontera de tiempo y espacio, de años de creación, espacio y tiempo.
 
Es decir, vuestros años vividos, desde la infancia a la edad adulta de vuestra madurez; lapso en que han conocido mi amor y mi gracia, pero lapso, en el cual muchos se han perdido; por querer alcanzar metas con toda clase de engaño, de trampas y de corrupciones. La vida ancha, el camino ancho, la vida fácil, el camino sin escrúpulos, ofrecidos por el príncipe de la mentira y acogido fácilmente por vosotros.

Mis niños, hoy vengo en medio del silencio que hay en el mundo, silencio permitido por mi Padre, pero no he hecho por mi Padre, para que reviséis vuestras conciencias. Tiempo de reflexión, tiempo de hacer balance de vuestras vidas, tiempo de retrospección, de valorar el amor y la gracia qué habéis perdido, tiempo de despertar y de verse a sí mismo y verse en el otro, puesto que todos sois creación divina, hijos del amor del Padre.

Tiempo de ver, que sin mi Padre y sin nuestra divinidad y sin nuestra presencia no sois nada, nada más qué
criaturas vacías. Pues cuando el alma deja el cuerpo nada queda, solo aquello qué habéis cosechado en la tierra, qué será, lo que es entregado al Padre celestial. 
Es decir, por vuestras obras los reconoceréis y sabréis que habéis hecho realmente con vuestras vidas. Vidas sumergidas en el amor y en la gracia y el don de darse a los hermanos o vidas sumergidas y/o enceguecidas por la avaricia, el poder, las seducciones, la fama,  las bajas pasiones,  la vanidad, al engaño que os deja ciegos.

¡Despierta tú qué duermes!, despertad del letargo de tu vida, despertad y clamad a Dios Padre creador del cielo y de la tierra y todo lo que él contiene. Despierten hijos míos y acepten la misericordia Divina, que aún se ofrece y se extiende para la salvación de vuestras almas. Salvación que se da individualmente, que se gana individualmente, pero es vivida en sociedades para construir un mundo nuevo: Un reino nuevo, un reino de amor; que se os ha quitado -no por nuestra realeza, vuestra realeza de ser hijos de Dios- ha sido quitado por vosotros mismos; al dejaros engañar al ser seguidores del padre de este mundo, vuestro eterno enemigo, quién destruirá vuestras almas.

Almas que fueron y son compradas a precio de mi divina sangre. Almas que fueron creadas para amar, sin tener límites de engaño, traición y aquello des funcional y equivocado, de vivir una vida de hombres con hombres y mujeres con mujeres, una sexualidad engañada y anudada por las fuerzas depravadas del mal. 

Porque la creación es perfecta, mi Padre es perfecto y hombre y mujer los creó para que dieran fruto y dieran vida en abundancia, para que la creación de su amor diera el fruto del mismo amor. La descendencia prometida a Abraham para poblar la faz de la tierra. No para crear creaturas que no tienen alma, creaciones de mentes malsanas, creaciones que traerá más oscuridad, por qué no tienen el soplo del Espíritu divino. Creó Dios al hombre e insufló su aliento divino, para hacerlo perfecto de acuerdo a su voluntad y a su gracia. 

Oh hijitos! os llamo a volver los ojos al cielo, a mi Padre. A que entréis en este tiempo de silencio, a sumergiros en su gracia. A que entréis en este tiempo de silencio, a uniros con el Espíritu creador del Padre celestial, a que entréis en vuestro mismo silencio a vuestra alma y veáis nuevamente la fragilidad humana a que veáis que no sois nada sin Dios. 

El viento sopla donde quiere y remueve lo que quiere, con el poder dado por el Padre. El viento sopla y a veces trae torbellinos o tornados. Torbellinos que solo remueven la tierra y las hojas, o una brisa suave que refresca del calor o sopla el viento con la fuerza de la naturaleza que la convierte en tornados y lo arrasa todo, sólo queda la devastación.  Y hoy os pregunto:
¿Cómo queréis que sople el viento en vuestras vidas? Analizad y pensad…la vida es corta.

Es como un suspiro, suspiros que son designados por mi Padre. Aquellos, que ya habéis recorrido… recorrido más de la mitad de la edad de vuestro tiempo, os podéis dar cuenta qué asíes la vida ¡un suspiro! Podéis ver cómo nacen y crecen vuestros hijos de rápido, como un suspiro, un abrir y cerrar de ojos. Hoy en ese suspiro de vuestras vidas y en ese silencio de vuestras vidas, recordad nuevamente cómo se va, o cómo se fueron vuestros días.

Hijitos, os llamo nuevamente acercaros a mí, pues el tiempo es corto y la gracia se agota, algunos dirán: no, la gracia no se agota y así es, no se agota. Pero el hombre es un lobo, para el mismo hombre y por su maldad y avaricia de querer someter todo a su voluntad, no a la voluntad divina, acorta la gracia divina y acorta la vida; vuestra vida que es un suspiro y se os olvida pedir la gracia santificante, qué es la que os trae de regreso a la casa de mi Padre. Aquí estamos, no Silentes; aquí estamos, esperando el regreso de vuestras almas al camino de la luz.

Hoy mi Madre sufre y llora al ver la desolación de vuestras almas y las tristezas de vuestros corazones. Hoy mi Madre también calla, al veros tan frágiles y débiles calla y hace silencio. El silencio de la Madre, al no poder asistir a aquellos que ella quiso y no quisieron recibir su refugio.

El refugio en su corazón adolorido, traspasado por la misma lanza que traspasó su corazón por mi dolor. Hoy nuevamente mi Madre, vuestra Madre, sufre de dolor al ver a sus hijos sufriendo y en desesperación. Viviendo una nueva pasión, pues como Madre amorosa, siente el dolor de vuestro corazón, dolor que solo es mitigado con el amor del Padre, el amor de su Hijo y de sus hijos que la aman y claman su auxilio. 

Ella – sólo ella-  clama incesantemente al Padre, para qué extienda su tiempo; es decir vuestro tiempo, para que aún se salven muchas almas; almas designadas a entrar al reino de los cielos por los caminos estrechos. Oh, cómo sufre mi Madre una nueva pasión de dolor, al ver cuántos hijos se fueron, negando a Dios Padre creador del universo y al Dios Hijo redentor. 

Hijitos, hijos, vuelvan a mí y abracen a mi Madre en esta nueva agonía. Su corazón ha sido colmado de amor infinito para salvaros. Recordad, clamad a Ella, la Reina del cielo y de tierra; clamad su auxilio, clamad a Mamá, qué llora por vosotros. Recordad que Ella es la capitana de la corte celeste, de los Ángeles, Arcángeles, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades y del ejército de hombres que se hicieron Santos en la tierra y Santos en el cielo rogando por vosotros.
 
Ellos al igual que Los Ángeles  -en estos tiempos de obscuridad y confusión para vosotros- han recibido el permiso celestial, para correr en vuestra ayuda; pues la tierra temblara y muchas cosas cambiarán para vosotros. Refugiaros en el corazón Inmaculado de mi Madre, regresad, regresad tú que duermes y dejadlo todo en mí.

Acercaos os digo al sacramento de la reconciliación, porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Es decir se borrará vuestro pecado cuando renuncies a todas las obras vendidas por el mentiroso qué quiere robar vuestras almas.  

Hijitos, hijitos estoy en el Sagrario, estoy en las ofrendas de pan y vino consagradas y transubstanciadas por las manos de los hijos que he escogido. Por manos consagradas y vidas consagradas. Estoy en la eucaristía completamente. Estoy allí, para que os acerquéis a mí y así vivamos juntos el camino sin perderos, qué os llevaré de la mano, de regreso a la casa del Padre.

Mis niños, no os turbéis o perturbéis vuestro corazón. No tengáis miedo, porque no me he ido, Yo vivo en un eterno presente con vosotros. ¿Y a qué teméis? o ¿porque teméis? cuando sabéis que mis promesas, las promesas de mi Padre siempre son fieles y Yo, estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Os amo y dejó la paz del Padre en vuestros corazones, corazones creados para amar. Paz, la paz de Dios quede con vosotros, la paz del Padre abarque todo vuestro ser, os amo. 

Yo estoy en ti, como tú estás en mí, te amo.

mensaje a la luz de la palabra

« Busquen lo que agrada al Señor. No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas. Sólo decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza; pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegaráincluso a ser luz. Por eso se dice: “Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti”. Examinen, pues, con mucho esmero su conducta. No anden como tontos, sino como hombres responsables. Aprovechen el momento presente, porque estos tiempos son malos. Por tanto, no se dejen estar, sino traten de comprender cuál es la voluntad del Señor». (Carta a los Efesios. 5, 10- 17).